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La feria de
los domingos
El domingo es el día en que la Plaza Dorrego se viste de
vieja y espera a los turistas para ofrecerles su show. Una magia
que desde hace años la ha convertido en un clásico de los
domingos, como si se tratara de un Boca-River

Gracias Peña, cuánto te debemos…
San Telmo no es un barrio más. Hay quienes hablan de la
República de San Telmo, como si se tratara de un país aparte
dentro de la Argentina.
Y los domingos se viste de fiesta. Su corazón es la Feria de
Antigüedades que, desde hace 35 años, se da cita todos los
domingos del año sobre la Plaza Dorrego, entre las calles
Defensa y Humberto 1°, de 10 a 17 horas.
El arquitecto José María Peña fue su creador y es gracias a este
personaje de Buenos Aires que San Telmo se mantiene en pie tal
cual hoy lo vemos y seguimos disfrutando. Sus inagotables
esfuerzos por mantener el pasado frente a la mediocridad del
modernismo merecen el nombramiento de ciudadano ilustre de la
Ciudad, algo que la Legislatura Porteña le debe desde hace
tiempo.

Un poco de historia
Durante la época colonial, el lugar era un alto obligado de las
carretas que llegaban con mercadería del interior y del puerto
de Buenos Aires ubicado en ese entonces en el barrio de La Boca,
antes de continuar viaje hasta la Plaza del Mercado, hoy Plaza
de Mayo. Se lo conocía con el nombre de “Altos de San Pedro” o
“Ex-Mercado de Carretas”.
Fue alrededor del año 1900 cuando se lo bautizó con el actual
nombre de “Dorrego”.
Un siglo antes, el lugar había sido el escenario de la adhesión
porteña a la Independencia declarada en 1816 en la ciudad de San
Miguel de Tucumán. Y por este importante acontecimiento la plaza
fue declarada lugar histórico en 1978, año del Mundial de fútbol
realizado en Argentina.

Pero el día es el domingo
Todo el barrio se prepara y piensa para el domingo y la plaza se
viste de feria, de tango, de colores y antigüedades, de
personajes, de pasiones, de juventud y de nostalgia.
Los cafés, sus mesas y sillas, sus colores y sus mozos de
etiqueta aportan color al viaje en el tiempo.
Y allí está María del Carmen, a quienes todos conocen como
“María” o la “Cafetera”. Es quien les vende café a los puesteros
y a los turistas desde hace más de 30 años. Ella sabe que aquí
la rutina no existe. Cada domingo es distinto, como cada café…
Todo se arma de a poco, pero hay que ser rápidos para estar
listos antes de que vengan los visitantes. Cada puestero revisa
lo suyo, “atiende su juego”, para que parezca más bonito que el
del vecino, aunque la competencia es sana. Como si se tratase de
colegas.
Y el tango se cuela en cada uno de los rincones de la plaza, o
en cada empedrado lustrado de la antiquísima calle Defensa, por
donde caminan todos los fines de semana más de 10 mil turistas,
entre locales y extranjeros.

Sus artistas callejeros
Los artistas callejeros son otro de los atractivos de la feria.
Los hay por montones, para todos los gustos: mimos, actores
disfrazados de inmigrantes o personajes de época, tangueros,
malevas y guapos del '900 e incluso algunos que, haciendo de sí
mismos, despiertan la curiosidad de los transeúntes.
Guillermo es un profesional de los títeres y ha encontrado un
personaje ideal para hablar del barrio, de antaño y del tango.
Su personaje “El borracho” es el más aplaudido por los grandes y
chicos que literalmente se paran sobre la calle Defensa para
apreciar su arte.
Manuel, en cambio, no parece tener el don de dominar marionetas,
lo suyo es el “chamullo”, podría decirse. Acompañado por sus dos
loros y por un hermoso organillo, nuestro amigo se encarga de
que siga vigente una atracción que cautivó a varias generaciones
y que aún lo sigue haciendo.
Javier y Claudia bailan para el público. Cortan la calle y
muestran los pasos del 2x4. El tango y la milonga son otra de
las grandes atracciones que los turistas quieren ver. La
“gorra”, que es donde los turistas depositan su agradecimiento,
es una clara muestra de lo bien que lo hacen.
A las once de la mañana en la plaza no cabe ni un alfiler.
Perderse en el tiempo y entre la multitud es una tentación.

Cuanto más viejo, más vale
Puertas, antigüedades, lámparas viejas, relojes sin uso, radios,
televisores blanco y negro, cámaras de fotos, banderas, sifones
de soda, mates, espejos, juguetes viejos que alegraron a varias
generaciones, discos de pasta, tocadiscos, radios y fonolas
viejas, algún acordeón, cristalería y platería de principios del
1900, alfombras, mantillas y viejos vestidos de novia. Todo
vale.
Los retratos de Gardel y Evita asoman en casi todos los puestos.
Las letras de tango o viejas fotos de principios del siglo
veinte ganan todas las miradas. Incluso los platos, cuchillos y
tenedores de época, de la abuela o del tatarabuelo. A diferencia
de lo que hoy ocurre en el mundo, aquí cuanto más viejo, vale
más.

Si durante los días de semana
los adoquines se ensucian, durante los fines de semana los
turistas les sacan brillo e impregnan en ellos su voz, su paso
por la feria. Dialectos de todo el mundo se cruzan, se escuchan
y se destacan todos en un castellano simple y recién aprendido,
como neutro: “¿Cuánto vale?” se les escucha decir una y otra
vez.
El mate circula a un ritmo alocado, frenético. Lo preparan los
puesteros para que lo prueben los turistas, quienes al principio
creen que se trata de una infusión espirituosa. Y vaya si lo es…
El olor a café, a chocolate, a pastelitos y a dulces caseros o
panes rellenos con queso, jamón y verduras son los atractivos
culinarios del lugar. Sobre todo cuando comienza a bajar el sol.
El ocaso, el principio del adiós
La tarde da paso a la cerveza, a la picada entre amigos y a
algún aperitivo fuerte para anticipar la cena.

La Cantora es otro de los 270
puestos que todos los domingos se preparan para el gran público.
Edmundo y su hija Silvia invitan a escuchar los sonidos del
pasado a todos los presentes. Es que cualquiera de las radios
que allí descansan son una vuelta obligada a los comienzos de la
radio. Un verdadero museo a la luz del sol.
La llegada del ocaso anticipa el fin del domingo. Los turistas
comienzan a partir, mientras los puesteros desarman y levantan
sus máquinas del tiempo. Ya de noche, un farol alumbra una ahora
calle desértica. En un rincón de la plaza, unas bombitas de
colores anuncian que a las diez de la noche habrá milonga. Otra
oportunidad más para volver al pasado y, quién sabe, seguir
soñando un poco más con el próximo domingo.
Fuente:
Welcome Argentina - Paseos en Ciudad de Buenos Aires
Fotos: Pablo Etchevers
Ver nota original:
http://www.welcomeargentina.com/ciudadbuenosaires/feria-san-telmo.html
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