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La Feria por
dentro: una ceremonia que se repite todos los domingos. Los
turistas, según los puesteros y la tradicional "Semana de Buenos
Aires", que, en noviembre, estará acompañada por números y
disfraces.
Temprano a la mañana, cada domingo desde hace 34 años, una
curiosa ceremonia se repite en el escenario de la Plaza Dorrego:
baúles, cajas, hierros, tablas, canastos, se superponen en un
repiqueteo que asombra a los noctámbulos que alargan la noche
con un café de última hora, y a los madrugadores que comienzan
el día. A esa hora, la Feria de Cosas Viejas y Antigüedades de San Pedro Telmo
comienza a tomar forma, se construye sobre el adoquinado de la
plaza y repite un ritual que se ha convertido en el corazón de
un barrio que los domingos late de una manera especial.
Sin embargo, formar parte de la ceremonia no es sencillo. Tener
uno de los 270 puestos de la Feria de San Telmo es difícil, casi
exclusivo y sólo es una posibilidad que se les da a quienes
cumplen con una serie de requisitos: se entra por riguroso
sorteo a medida que van quedando los puesto libres y se debe
disponer de mercadería anterior a los años 70', no se puede
dejar el puesto, el titular tiene que estar siempre y sólo puede
tener a un ayudante durante dos horas, son algunos de los
compromisos que asumen los puesteros y que, afirman, se respetan
a rajatabla. Además, cada tres meses se realiza un sorteo para
cambio del
lugar que ocupa cada puesto en la plaza. La organización está a
cargo del Museo de la Ciudad, creador y continuador de la Feria.
La Feria recibe cerca
de 10 mil visitantes por domingo, entre los cuales, un alto
porcentaje está compuesto por turistas de todo el mundo. Con el
correr de los años, los puesteros han logrado desarrollar una
verdadera clasificación de turistas, según el perfil de sus
compras: así, en vez de fijarse quiénes compran, los feriantes
pueden establecer de dónde es un turista, sólo con ver qué
compra. Los franceses, elegantes por naturaleza, prefieren la
bijou o los vidrios; los brasileños, - alegres y llamativos - se
inclinan por los metales y objetos de colores; los italianos,
las joyas antiguas y, los españoles, fieles a su pasado, eligen
los mantones, los abanicos y las pinturas, traídas al país por
sus propios abuelos.
Otra clasificación, más tajante, divide a los visitantes entre
"compradores" y "curiosos". Los primeros, suelen saber qué
buscan: visitan la Feria por la mañana o por la tarde después de
comparar precios y evaluar la compra. En el medio, los curiosos
pasean durante la mañana y la tarde, aunque, al mediodía, paran
para almorzar y se trasladan a algunos de los tantos
restaurantes de los alrededores. A partir de las 16, llegan los
porteños y, según se dice, preguntan mucho, pero compran poco. |